Vive en una libreta
El pedido, el recordatorio, el cliente al que había que marcarle.
Conectamos tu WhatsApp, tu contabilidad, tu inventario y tu operación para que el trabajo pesado se haga solo.
4 negocios operando con nuestros agentes en CDMX, Toluca y Metepec
Falla porque todo depende de que alguien se acuerde. Lo que sostiene tu negocio vive en una libreta, un WhatsApp y la cabeza de dos personas — y funciona, hasta que alguien se satura.
El pedido, el recordatorio, el cliente al que había que marcarle.
Avisarle a cada cliente uno por uno. La misma pregunta, veinte veces.
Sabes cuánto vendiste. No sabes quién dejó de venir.
Ninguna de las tres se arregla contratando a alguien más. Se arreglan sacándolas de la cabeza de la gente.
Es conectar tus herramientas para que el trabajo manual se haga solo. Cuando pasa algo en tu negocio —llega un cliente, se hace una venta— el sistema reacciona de inmediato, sin que nadie tenga que recordarlo.
Sí es liberar a tu equipo de tareas manuales para que se enfoquen en vender y atender clientes.
No es cambiar todo tu negocio ni despedir personal: es darles herramientas para que rindan el doble sin trabajar horas extra.
Cinco trabajos que hoy dependen de que alguien se acuerde. Si reconoces alguno, ahí hay algo que automatizar.
El cliente pregunta precio o existencia fuera de horario y compra en otro lado.
Cotizaciones automáticas 24/7 con precio y existencia real.
Anaqueles vacíos o faltantes de stock porque nadie anotó el pedido a tiempo.
Reportes de faltantes por chat que generan la orden de surtido a matriz automáticamente.
El cliente compra su primer bulto de alimento o viene a consulta, se va, y nadie le vuelve a escribir. Pierdes la venta recurrente contra la competencia.
Seguimiento automático programado por ciclo de vida —alimento, desparasitación y vacunas— para asegurar que el cliente siempre regrese contigo.
Horas perdidas tecleando facturas, tickets y gastos a mano.
Extracción automática de datos desde fotos o documentos hacia tu sistema contable.
Seguimiento manual para pedir INE, escrituras o documentos pendientes.
Clasificación y validación automática de expedientes digitales.
¿No ves tu caso aquí? Es la mitad de las conversaciones que tenemos. Cuéntanos cómo trabajas y te decimos si se puede — o si todavía no vale la pena.
Dos ejemplos armados con piezas que ya tenemos funcionando, para que sea más fácil imaginarlo en el tuyo.
Hoy: vendes el saco y ahí termina. Si en dos meses no volvió, nadie se enteró.
Con Orvel: el saco de 20 kg le dura unos 40 días, así que al día 35 le llega un mensaje. Y a fin de mes tienes una lista que hoy no existe: quiénes dejaron de venir.
Hoy: contestas precios entre cliente y cliente. Algunos se quedan sin respuesta hasta la tarde, y no queda registro de cuáles compraron.
Con Orvel: precio y existencia se contestan al momento; lo grande pasa a un vendedor. Cada cotización queda registrada, y al que no compró se le da seguimiento a los tres días.
Cuatro pasos. En cada uno hay algo que se te entrega y puedes revisar antes de seguir.
Hablamos con quien hace el trabajo, no solo con quien lo dirige. Nos interesa tu operación real, no la del manual.
Casi nunca está donde crees. En una clínica, el botón de «agendar cita» de su página marcaba por teléfono — y sus pacientes ya no querían hablar.
Tus herramientas se quedan. Tus reglas también — hasta las que nadie escribió nunca. Esas las dejamos dentro del sistema, tal cual las dices.
Todo queda registrado, así que se ve qué funcionó y qué no. Y lo que falle, lo arreglamos nosotros — normalmente el mismo día.
«No tenemos tiempo de estar contestando.» Tres estilistas con las dos manos ocupadas y un WhatsApp que no para. Hoy el agente agenda, reagenda, cancela y manda recordatorios solo. Y hace algo que nadie más hace: los servicios de color no ocupan al estilista de corrido —30 min de aplicación, 30 de reposo, 30 de enjuague— así que el agente vende ese hueco de reposo a otra clienta.
Mandaban los recordatorios a mano, uno por uno, y nadie sabía quién había contestado — así que cada hueco vacío era una sorpresa. Hoy salen solos, en el horario que definió su recepcionista, y cada respuesta queda anotada. Ella sigue decidiendo a quién se le escribe.
Dos sucursales pedían material a matriz por llamada y por chat. «Matriz no responde y se tardan de más», reportó una de las encargadas. Hoy el vendedor escribe por WhatsApp lo que se le está acabando —como lo diría de viva voz, sin claves ni códigos— y el pedido queda registrado y notificado al instante. Lo importante no es que se anote: es que por primera vez existe el dato de qué se mueve de verdad entre sucursales.
Para los negocios donde el cliente todavía llama: ferreterías, distribuidoras y comercializadoras. Contesta la llamada, consulta el catálogo mientras habla, cotiza en voz alta y deja el resumen escrito con el nombre y el teléfono de quien llamó. Voz natural en español mexicano, construida sobre nuestra propia infraestructura en vez de rentar una plataforma.
Tres cosas que damos por sentadas y que conviene decir en voz alta.
Todo queda medido: cuánto tardó, cuántos contestaron, qué falló. No tienes que confiar en nuestra palabra.
Trabajamos dentro de tus cuentas. Nos das acceso y nos lo quitas cuando quieras. No nos llevamos nada de tus clientes.
Ante cualquier duda le pasa la conversación a alguien de tu equipo. Nunca le inventa una respuesta a tu cliente.
20 minutos por WhatsApp o llamada. Nos cuentas cómo trabajas y te decimos qué se puede automatizar — y qué todavía no vale la pena. Sin compromiso.
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